Desolador estado de Construcciones Antiguas

Damero central e edificios históricos no resistieron los efectos del terremoto.

Rancagua se enorgullecía —y a los turistas les llamaba la atención— de la construcción en adobe de gran parte de las casas del llamado damero central, el sector comprendido por las calles Millán, Alameda, Freire y San Martín.

 

El rostro de la ciudad ha cambiado. En cada cuadra, pueden apreciarse los montones del noble adobe —que resistió por años crudos inviernos y varios temblores—, que muestran los interminables minutos que se vivieron en la ciudad, la región y el país, la madrugada del sábado recién pasado, cuando la tierra se sacudió sin pausa.

 

Al recorrer las antiguas construcciones se aprecian las heridas que dejó la naturaleza. No sólo los templos de la Catedral, la Iglesia San Francisco y la añosa e histórica Iglesia de la Merced han sufrido el violento golpe de la naturaleza, sino que también todo el casco historico de la ciudad, compuesto por decenas de casas de adobe y ladrillos.

 

La Casa de la Cultura, la casona que alberga a la Corporación Municipal, la Torre de la Primera Compañía de Bomberos, el edificio ubicado en Mujica y Estado, la Casa del Pilar de Esquina, son las construcciones más emblemáticas que han quedado heridas.

 

Pero junto a estas edificaciones, existe el lamento de decenas de familias que ocupan cada cuadra de las calles céntricas, aquellas que en su conjunto conformaban el llamado viejo Rancagua.

 

Al recorrer estos lugares se aprecian las heridas que dejó el terremoto en las casas de adobes, que pese a la violencia, resistieron estoicamente los interminables momentos del terremoto, como dando su último esfuerzo para dar protección a las personas que en ellas han vivido y han sido parte de esta historia con trágico final.

 

La gente que habita estas construcciones parece resignarse a la destrucción, que si no ha sido por el golpe de la naturaleza, deberá hacerse utilizando maquinarias y pensando en un futuro mejor, para no caer en derrotismo y seguir avanzando, dejando atrás los efectos del terremoto, tratando de torcerle una vez más la mano a este destino imprudente.

 

Rancagua está herida, su rostro muestra las marcas de la tragedia y de uno de los terremotos que con más violencia ha golpeado a sus habitantes, pero —como versa su lema— busca renacer “de sus cenizas, porque su patriotismo la inmortalizó”.


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